Heidegger y el nazismo.

Martin_Heidegger

Gerardo de la Fuente, en La impotencia del pensar, parece estar pensando con la idea de que hay o debe haber una relación entre el hombre y la obra. De este modo, Gerardo de la Fuente da una sola cosa por hecho: Martin Heidegger fue nazi. Esto significa que “poseyó un carnet del partido; pronunció discursos apologéticos e incendiarios; realizó intervenciones políticas y filosóficas en que las palabras transitaron por abismales ambigüedades, por bizarras polisemias extrañamente presentes en un profesor que hizo del cuidado de la lengua una de las condiciones fundamentales del pensar. […] dictó cátedras en las que, en plena ola de expansión fascista, alabó la misión conquistadora del espíritu alemán y después, a la hora de publicar el texto de los cursos, cuando pudo haber hecho correcciones, introducir notas explicativas, por lo menos hacer algún tipo de reparo, prefirió dejar asentadas palabras explícitas acerca de la superioridad de su idioma, y equívocos varios sobre la autenticidad o historicidad del pueblo cumplida en el Estado.” (Gerardo de la Fuente Lora. “La impotencia del pensar. Heidegger y el Nazismo”)

Este hecho, asienta Gerardo de la Fuente, bien puede matizarse, pero no negarse. Así, puede haber una discusión de cómo, cuándo y por qué lo fue, mas nunca podrá decirse que no lo fue. “Después [de reconocer que Heidegger fue nazi] –escribe- podríamos quizá entrar al debate acerca de si lo fue mucho o poco, con sinceridad u oportunidad, en esencia o apariencia, temporal o permanentemente; podríamos recorrer ese camino argumental siempre y cuando no ocurriera que por algún trasvase conceptual inesperado, al final el nazismo heideggeriano se hubiese disipado, desvanecido. Podemos introducir, pues, todos los matices menos el que nos hiciera formular el enunciado de que el autor de Kant y el Problema de la Metafísica a fin de cuentas no fue nazi.” (Ídem.)

Esta sola cosa dada por hecho, el nazismo de Martin Heidegger, parece ser la situación del hombre. Cosa que se debe hacer al pensar con la idea de que hay o debe haber una relación entre el hombre y la obra, pues no se puede buscar una relación pensando al hombre en abstracto, sino que más bien se busca algo de la vida del hombre en la obra, y de este modo se busca el nazismo en la obra de Heidegger, al haber estado presente en su vida. Pero nos dice Gerardo de la Fuente, siguiendo a Lyotard, que al parecer no hay “nada en la filosofía heideggeriana que por sí mismo determine, justifique o lleve directamente al nazismo, pero que esto es así porque a la vez el  pensamiento de Heidegger no tiene nada que decir sobre uno de los acontecimientos esenciales, definitorios de nuestro tiempo.” (Ídem.) Heidegger, entonces, si bien fue nazi; sin embargo, en su obra guardó silencio, no dijo nada sobre el Holocausto, “no encontró una sola palabra para referirse al exterminio a lo largo de más de tres décadas de enseñanza.” (Ídem.)

La búsqueda de una relación entre el hombre y la obra, al no encontrar nada, bien puede terminar en una simple aceptación, en una resignación o en un desanimo, porque no existe, y ante la inexistencia de ella nada se puede hacer, a menos claro que uno se vea movido a inventarla. Pero el caso de Heidegger es extraño, porque se agrava tanto más cuanto menos encontremos una relación. ¿Por qué? Por ser él el autor de una filosofía magnifica, por ser uno de los más grandes filósofos, y por haber estado inmiscuido en “uno de los acontecimientos esenciales, definitorios de nuestro tiempo.” (Ídem.) Es por ello que Gerardo de la Fuente nos dice que con el silencio que guardó, “con esa afonía, con ese mutismo, llevó la ofensa de su nazismo hasta el extremo.” (Ídem.)

Entonces, así, uno de los filósofos más grandes no dijo nada sobre uno de los acontecimientos más importantes de nuestro tiempo que no sólo vivió como observador, sino como actor. Es por esto que Gerardo de la Fuente juzga con severidad el caso de Heidegger, y nos dice que si bien su filosofía como tal no es nazi, y si bien es magnifica, y si bien es “útil tal vez para pensar algunas temáticas parciales, potente para apuntalar algunos giros deconstructivos y para renovar un poco la forma de la historia de la filosofía” (Ídem.); sin embargo, “sería irrelevante, estéril, un divertimento académico” (Ídem.), una frivolidad, “trivial o innecesaria para nuestro tiempo.” (Ídem.) Todo esto porque no nos dice nada sobre el Holocausto, a pesar de haber sido un actor durante él.

Visto así, la severidad de Gerardo de la Fuente se comprende fácilmente: si Heidegger no fuera uno de los más grandes filósofos, si no tuviera una filosofía magnifica, su silencio quizá no importaría tanto, pues de un filósofo de medio pelo no esperaríamos grandes cosas, sin importar cuán impresionado estuviera por el Holocausto; así también, si no hubiera sido nazi, quizá su silencio sería comprensible, por no encontrar palabras para expresarse, por no haber estado inmiscuido, por creer que no vivió realmente el Holocausto o por otra razón. Quizá incluso si hubiera asentado, si se quiere con desfachatez, su total adhesión al proyecto nazi, lo aceptaríamos, con más o menos problemas, según la constitución de cada uno. O si se hubiera deslindado del proyecto nazi, o si hubiera dejado claro hasta dónde lo seguía y dónde se separaba de él, no habría tanta severidad en el juicio. Pero ninguno de éstos es el caso, según nos dice Gerardo de la Fuente.

Pensando con la idea de que hay o debe haber una relación entre el hombre y la obra, y aceptando la extrañeza del caso de Heidegger, como decíamos, fácilmente se comprende la severidad de Gerardo de la Fuente, y por ahora no encontramos nada más que decir desde aquí. Mas, desde otro punto de vista, quizá habría que preguntarnos, ¿por qué Heidegger debió haber dejado clara su postura ante el nazismo y el Holocausto en su obra, sin importar cuán grande es él y su filosofía, y cuán importantes, esenciales o definitorios fueron éstos de nuestro tiempo? ¿Por qué Martin Heidegger no debió guardarse eso sólo para sí mismo?

¿Qué significa pensar para Gerardo de la Fuente?

No sabemos qué significa pensar la Shoa, nos dice Gerardo de la Fuente. Así como tampoco supo hacerlo Heidegger, teniendo incluso una obra filosófica magnifica. De este modo, nosotros, lectores de Heidegger, no sabemos dos cosas: no sabemos pensar el nazismo y el Holocausto, y así tampoco sabemos por qué Heidegger, quien fue nazi, sin embargo en su obra no dijo nada sobre éstos.

¿Entonces qué es lo que hemos hecho nosotros, lectores de Heidegger? Precisamente sólo esto: “hemos dedicado mucho tiempo a estudiar a detalle el corpus del maestro”. (Ídem.) Sólo hemos sido, entonces, lectores; nunca pensadores. Es así, pues, que hemos leído mucho, pero todas nuestras lecturas están “condenadas a un preciosismo académico irrelevante” (Ídem.), porque no han hecho ni dicho nada para nuestro tiempo.

¿Qué significa pensar? Pensar no es sólo leer, incluso haciéndolo con sumo detalle. Quien haga sólo esto, quizá llegue a ser un excelente lector académico, pero nunca un pensador. El pensar se hace en dos niveles: se piensa desde el autor la cosa misma, y se piensa la cosa misma. De este modo seríamos heideggerianos, y no heideggeriólogos, y ya no habremos “invertido muy poca energía en pensar el nazismo como tal.” (Ídem.) Trabajo de dos niveles es el pensar, pero que además está hecho con miras a nuestro tiempo, al que debe decirle y hacerle algo. El pensar debe actualizar, en algún sentido, la cosa misma, para que ésta pueda aún decirnos algo, porque de otro modo sería pensar muerto, algo como pensar la situación de las mujeres en el siglo II sin ver a las que viven en el XXI.

¿Qué significa pensar para Gerardo de la Fuente?, según nos dijo la profesora Mariflor Aguilar Rivero.

La profesora nos dijo: “creo que en la cita que hace G. de la F. de Lyotard está claro lo que él junto con Lyotard entiende por pensar.”

Pues bien, Gerardo de la Fuente nos recuerda las reflexiones de Heidegger sobre la técnica y así también, vía Lyotard, su única mención sobre el Holocausto: “La agricultura es ahora una industria alimentaria motorizada, en cuanto a su esencia lo mismo que la fabricación de cadáveres en las cámaras de gas y los campos de exterminio, lo mismo que el bloqueo y la reducción de países al hambre, lo mismo que la fabricación de bombas de hidrógeno” (Ídem)

Esto que dijo Heidegger, nos dice Gerardo de la Fuente, “constituye sin duda un buen resumen de la carencia que queremos mostrar.” ¿Cuál es esta carencia? Al parecer, la imposibilidad del pensar, es decir, el no ser capaz de pensar. ¿Pero qué significa pensar? Gerardo de la Fuente nos dice junto a Lyotard: “Negar la identidad, o incluso la analogía, entre una fábrica de neutrones o de arvejas y la fábrica de gas y cremación, no es ser humanista. Es tan sólo aceptar pensar. Cuando se les confiere a las dos el mismo nombre, el Gestell, la diferencia no se piensa, se evita. Y eso mismo es lo que impone a Heidegger su silencio de plomo sobre la Shoa.” (Ídem)

Entonces, de este modo, el pensar es captar la diferencia. Heidegger, así, no pensó, por equiparar o identificar la fabricación de cadáveres en las cámaras de gas y los campos de exterminio con la agricultura, pues si bien quizá en esencia son lo mismo, al ser ambas una apoteosis de la técnica; no obstante, evitó la diferencia.

Así, pues, como nos dijo Mariflor Aguilar, “lo que dice de la Fuente, citando a Lyotard, es que “pensar” es no igualar todo con todo, [pensar es] saber distinguir y diferenciar y no igualar la fabricación de cadáveres con la industria alimentaria. Esa igualación, como la noche hegeliana en que todos los gatos son pardos, es lo que significa NO PENSAR.”

Hemerografía.

De la Fuente Lora, Gerardo. “La impotencia del pensar. Heidegger y el Nazismo”, en Reflexiones marginales, (http://reflexionesmarginales.com/3.0/3-la-impotencia-del-pensar-heidegger-y-el-nazismo/), consultado el 24 de agosto de 2013.

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