Se dice de mí.

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1.

Cuando el Sinchi fue al centro logístico del Servicio de Visitadoras para chantajear a Pantaleón Pantoja, aquél le dijo a éste cómo era Iquitos: “¿No sabía que Iquitos es una ciudad de corazón corrompido pero de fachada puritana?” (Mario Vargas Llosa. Pantaleón y las visitadoras. p. 113.)

En efecto, el Sinchi no parecía estar mintiendo si vemos algunas de las cosas que suceden en Iquitos, según cuenta Pochita en una carta:

Iquitos debe ser la ciudad más corrompida del Perú, incluso peor que Lima. A lo mejor es verdad y el clima tiene que ver mucho, quiero decir en eso de que las mujeres sean tan terribles, ya ves cómo Panta pisó la selva y se volvió un volcán. Lo peor es que las bandidas son guapísimas, los charapas tan feos y sin gracia y ellas tan regias. No te exagero, Chichita, creo que las mujeres más bonitas que hay en el Perú […] son las de Iquitos. Todas, las que se les nota decentes y las de pueblo y hasta te digo que quizá las mejores sean las huachafitas. Unas curvilíneas, hija, con una manerita de caminar coquetísima y desvergonzada, moviendo el pompis con gran desparpajo y echando los hombros atrás para que el busto se vea paradito. Unas frescas, se ponen unos pantaloncitos como guantes, ¿y tú crees que se chupan cuando los hombres les dicen cosas? Qué ocurrencia, les siguen la cuerda y los miran a los ojos con una frescura que a algunas provoca jalonearlas de las mechas.” (Ibídem. pp. 60-61.)

O así también cuenta, en la misma carta, lo que hacen las llamadas “lavanderas”, quienes “van de casa en casa ofreciendo sus servicios [sexuales] con el cuento de la ropa.” (Ibídem. p. 64.) Esto pasa en Iquitos, causa escándalo y es desaprobado; no obstante, así también, es permitido y disfrutado por las autoridades y demás personas en Iquitos.

Corazón corrompido pero de fachada puritana, es decir: sexualmente hablando, en Iquitos, se puede hacer todo, y esto está a la vista de todos; no obstante, así también, cada cual debe escandalizarse y desaprobar la disolución que hay en todo Iquitos.

Pasa lo mismo en Se dice de mí: corazón corrompido pero de fachada puritana. No sólo hablamos del caso más claro: Micah, quien afirma en el grupo de Marianne que será puro y casto hasta el día de su boda, y sin embargo, al mismo tiempo, duerme con una mujer casada. Sino también de casi todos en la escuela, quienes al tiempo que desaprueban lo que supuestamente hace Olive y la tachan de ramera, fácil, zorra, puta o prostituta; no obstante, se divierten inventando rumores de ella con tres hombres en un jacuzzi, o bien gozan escuchando cómo mantiene relaciones sexuales con Brandon, o bien esperaban que se quitara la ropa, o bien se derriten al mostrarse ella provocativa, o bien dicen que durmieron con ella, o bien están dispuestos a pagar para hacerlo. Corazón corrompido pero de fachada puritana.

2.

Hay algo que escribe José Saramago en el Ensayo sobre la ceguera que quizá pueda leerse junto a Se dice de mí:

El mal de la muchacha de las gafas oscuras no era grave, tenía sólo una conjuntivitis de lo más sencilla, que el remedio que le había recetado el médico iba a resolver en poco tiempo. Ya sabe, durante estos días sólo se tiene que quitar las gafas para dormir, le había dicho. La broma era antigua, seguro que había pasado de generación en generación de oftalmólogos, pero el efecto se repetía siempre, el médico sonreía al decirlo, sonreía el paciente al oírlo, y en este caso valía la pena, pues la muchacha tenía bonitos dientes, y sabía cómo mostrarlos. Por natural misantropía o por excesivas decepciones en la vida, cualquier escéptico común, conocedor de los pormenores de la vida de esta mujer, insinuaría que la belleza de la sonrisa no pasaba de ser artimaña del oficio, pero sería una afirmación malvada y gratuita, porque aquella sonrisa ya era así en los tiempos, no tan distantes, en los que aquella mujer era una chiquilla, palabra en desuso, cuando el futuro era una carta cerrada, y aún estaba por nacer la curiosidad de abrirla. Simplificando, pues, se podría incluir a esta mujer en la categoría de las llamadas prostitutas, pero la complejidad del entramado de relaciones sociales, tanto diurnas como nocturnas, tanto verticales como horizontales, de la época aquí descrita, aconseja moderar cualquier tendencia a los juicios perentorios, definitivos, manía de la que, por exagerada suficiencia, nunca conseguiremos librarnos. […] Sin duda, esta mujer va a la cama a cambio de dinero, lo que permitiría, probablemente, y sin más consideraciones, clasificarla como prostituta, pero, siendo cierto que sólo va cuando quiere y con quien ella quiere, no es desdeñable la probabilidad de que tal diferencia de derecho deba determinar cautelarmente su exclusión del gremio, entendido como un todo. […] Si no se pretende reducirla a una definición primaria, lo que en definitiva debería decirse de ella, en sentido lato, es que vive como le apetece y, además, saca de ello todo el placer que puede.

(José Saramago. Ensayo sobre la ceguera. pp. 37-38.)

Decimos que quizá pueda leerse junto a Se dice de mí, porque, sin más, casi todos incluyeron en la categoría de las llamadas prostitutas a Olive, más aún después de esparcirse el rumor de que ofrecía sexo por dinero. Mostrando así, no sólo que, en efecto, no conseguimos librarnos de la manía de dar juicios definitivos, sino también que no podemos concebir el que una mujer viva como la muchacha de las gafas oscuras, es decir, dando servicios sexuales a cambio de dinero, mas sólo cuando quiere y con quien quiere, pues a nuestro entender cuando una mujer da servicios sexuales a cambio de dinero, ésta no es si no un objeto, que no tiene ningún derecho a eligir ni cuándo, ni dónde, ni cómo, ni con quién, sino que está absolutamente sometida a nuestra voluntad por el simple hecho de pagar, como bien lo demostró Anson.

Esto causa escándalo, más aún si se compara con la fama que se ganó Brandon: una prostituta se considera, decíamos, un simple objeto, que puede ser utilizado por el simple hecho de pagar un poco de dinero, además de ser rechazada y denostada por casi todos los demás, pero el hombre que duerme con ella, el que paga por sexo, muy al contrario, se ve a sí mismo, y es visto por muchos de los demás, como un semental, por ser poseedor de un increíble ímpetu sexual. Mientras ella es excluida; él, muy al contrario, es reverenciado. Esto quedo mostrado por Olive y por Brandon.

Título original: easy A.
Título: Se dice de mí.
Director: Will Gluck.
Guión: Bert V. Royal.
Productores: Will Gluck, Zanne Devine, Mark Benton Johnson y Alicia Emmrich.
Fotografía: Michael Grady.
Edición: Susan Littenberg.
Música: Brad Segal.
País: Estados Unidos.
Año: 2010.
Elenco: Emma Stone (Olive), Penn Badgley (Woodchuck Todd), Amanda Bynes (Marianne), Dan Byrd (Brandon), Thomas Haden Church (Mr. Griffith).

Bibliografía.

Saramago, José. Ensayo sobre la ceguera. Traducción: Basilio Losada. 1ª edición, México: Alfaguara. 2008. Colección: Grandes Maestro de la Narrativa Iberoamericana.

Vargas Llosa, Mario. Pantaleón y las visitadoras. 1ª edición, Barcelona: RBA Editores. 1993. Colección: Narrativa Actual/28.

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