Una anotación sobre los filósofos de Robert Louis Stevenson.

Robert Louis Stevenson John Singer Sargent -- American painter 1887 The Taft Museum, Cincinnati Oil on canvas 50.96 x 61.75 cm
Robert Louis Stevenson
John Singer Sargent — American painter
1887
The Taft Museum, Cincinnati
50.96 x 61.75 cm

 

 

Robert Louis Stevenson, en Las tribulaciones de un joven indolente, da una pequeña anotación sobre los filósofos. Pero permítasenos, antes, dar un poco de contexto: a estas alturas, hemos leído muchas de las desventuras de Juan Nicholson porque, según escribe Stevenson, “no es mi propósito narrar las aventuras de Juanito Nicholson, que fueron numerosas, sino sólo sus más notables desventuras, que fueron más numerosas de lo que él hubiera deseado, y juzgando humanamente, más numerosas de lo que él merecía.” (Robert Louis Stevenson. “Las tribulaciones de un joven indolente”. p. 57.) Y ahora está a punto de contarle estas mismas a Flora, pues ella se lo pidió. Así, entonces, leemos lo siguiente: “La narración fue larga, y como el lector sabe, tuvo que ser muy dolorosa. Pero Flora escuchaba sin despegar los labios. Ni en una sola ocasión hizo las divagaciones sobre el destino humano que han dado materia a mi pluma, deteniendo su vuelo. Las mujeres como Flora no son filósofos, y se sienten atraídas sólo por los hechos concretos. Ahora bien, precisamente esta disposición de su espíritu es causa de una severidad implacable para juzgar de las imperfecciones de nuestra flaca naturaleza.” (Ibídem. p. 136.)

1. La disposición.

Evitemos preguntar por ahora qué podemos entender por “hechos concretos”. Quedémonos con la primera impresión que tenemos. Ahora bien, aquí, Robert Louis Stevenson parece estar hablándonos de dos disposiciones ante ellos: la de los filósofos y la de Flora, que no es filósofa. Ella, al sentirse atraída sólo por los hechos concretos, sólo los escucha y no habla ni una sola vez. Ambas cosas están plenamente justificadas: si hablara, si despegara los labios, detendría la narración o, dicho con otras palabras, los hechos concretos dejarían de desfilar ante ella; y escucha, porque este es el medio por el que llegan a ella. Los filósofos, en cambio, sólo escuchan por momentos, pues despegan los labios al divagar.

En cuanto a la primera disposición, podemos decir que es pasiva, por sólo enfocarse en la recepción de los hechos concretos. En cambio, la del filósofo parece ser activa y pasiva, por recibir los hechos concretos y divagar sobre ellos.

2. El juzgar.

En cuanto a la disposición de Flora, es claro, no queremos decir que permanece en un estado de mera recepción. Antes bien, Stevenson mismo lo dice, llega un momento en el que juzga los hechos. El filósofo, por su parte, también los juzga. Mas parece haber una diferencia entre cómo juzga uno y otro. Las personas, cuya disposición de espíritu es semejante a la de Flora, siguiendo a Stevenson, juzgan con una severidad implacable. ¿Pero cómo lo harán los filósofos?

Vayamos lentamente: la disposición de los filósofos, decíamos, es activa y pasiva, pues por momentos escuchan y por momentos divagan. Aquí, es curioso que Robert Louis Stevenson hable de divagar y no de reflexionar, como suele hacerse al hablar de filósofos. Lo cierto es que parece ser muy atinada la palabra: reflexionar es algo lento, algo a lo que se le debe dedicar tiempo, y que no se puede hacer intercaladamente, mientras se hace otra cosa. A menos que hablemos, como algunos hacen, de “pequeñas reflexiones” o de “reflexiones rápidas”. Pero, más bien, parece ser mejor hablar de divagar: una práctica en la que uno se separa del asunto, trae a cuenta otras tantas cosas, sigue varios caminos, para posteriormente regresar al asunto que se estaba tratando. Algo así como una exploración rápida.

Entonces, pues, retomando, el filósofo escucha y divaga. ¿Qué aportan las divagaciones hechas por el filósofo? La reflexiones, suponemos, nos conducen a algo que podemos denominar conclusiones, o al menos conclusiones temporales. En cambio, las divagaciones no nos llevan a eso; antes bien, quizá, aportan pequeñas anotaciones. Al ser exploraciones rápidas, entre otras cosas, podemos vislumbrar a dónde nos llevaría tal o cual camino, así como también qué otras tantas cosas pueden considerarse y traerse a cuenta. Así, el filósofo se va haciendo de los hechos concretos, y así también va introduciendo pequeñas anotaciones al divagar.

Todas las pequeñas anotaciones hechas, cuando llega el momento de juzgar, no se hacen a un lado; al contrario, están presentes en el juicio que dé el filósofo. ¿Cómo repercuten todas ellas? Al parecer, hacen que el juicio sea moderado, es decir, como el filósofo hace una exploración rápida, donde vislumbra cosas, toma en consideración otras, etcétera, no fácilmente termina dando una sentencia. A veces, quizá, termine diciendo que el asunto es más complejo de lo que se cree, o incluso diga que se debe considerar más detenidamente.

¿Qué pasa con las personas cuya disposición de espíritu es semejante a la de Flora? Ellas, decíamos, no divagan, y de este modo no van haciendo pequeñas anotaciones sobre el asunto. Ésta parece ser la razón por la cual juzgan con una severidad implacable, pues, digámoslo así, al recibir de golpe los hechos, sin pausas, sin divagaciones, sin anotaciones, sin digerirlos, el juzgarlos se hace fácilmente desde los prejuicios y/o pre-juicios que se tienen a la mano. Flora misma declaró, después de que Juan Nicholson terminó su narración: “Ahora póstrate de rodillas, e implora el perdón divino.” (Ídem.)

3. Robert Louis Stevenson.

Suponiendo que a Robert Louis Stevenson se le pueda adjudicar esa pluma que se detiene y hace divagaciones, según escribe, entonces, quizá no queriendo, o quizá con toda la intención, se está llamando a sí mismo filósofo.

4. Nota.

Lo que escribe Stevenson sobre lo que hacen los filósofos, es decir, divagar sobre los hechos, y por ello no terminar juzgando fácilmente, con una severidad implacable, sino que son más bien moderados, parece ser, precisamente, resultado de una divagación. Esto es: lo que ha escrito Stevenson es una pequeña anotación sobre los filósofos. Hemos, simplemente, elaborado algo, un rasgo, del filósofo.

Bibliografía.

Stevenson, Robert Louis. “Las tribulaciones de un joven indolente” en Las tribulaciones de un joven indolente. Traducción: Carlos Pereyra. 1ª edición, México: Universidad Nacional Autónoma de México. 2003. Colección: Confabuladores. pp. 21-164.

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2 comentarios en “Una anotación sobre los filósofos de Robert Louis Stevenson.

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