Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.

2

1.

Michel Gondry, al parecer, tiene una extraña habilidad para crear momentos en que las parejas muestran una increíble dulzura. Es decir, con él, las parejas no llegan a ser empalagosas, no llegan a fastidiar, a veces, debido al amor que se profesan; antes bien, lo que crea son momentos en que hay suavidad y ternura. Así pasa en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, como la vez en que, estando bajo las sábanas, Clementine le pregunta a Joel si es fea, y le cuenta que cuando tenía ocho años a su muñeca favorita, que era muy fea, la llamaba Clementine, y constantemente le gritaba que no podía ser fea, que tenía que ser bonita, con la intención de que si lograba transformarla, quizá, ella cambiaría también. Pasa de igual forma en La ciencia del sueño, como cuando Stéphane y Stéphanie están con la maquina del tiempo de un segundo, y ella le pregunta por qué se merece un obsequio, y él le contesta tímidamente que es por la ocasión de que es bonita.

2.

Platón, en el Menón, al postular la teoría de la reminiscencia, pone en boca de Sócrates lo siguiente:

Los que lo dicen son aquellos sacerdotes y sacerdotisas que se han ocupado de ser capaces de justificar el objeto de su ministerio. Pero también lo dice Píndaro y muchos otros de los poetas divinamente inspirados. Y las cosas que dicen son éstas –y tú [Menón] pon atención si te parece que dicen verdad-: afirman, en efecto, que el alma del hombre es inmortal, y que a veces termina de vivir –lo que llaman morir-, a veces vuelve a renacer, pero no perece jamás. Y es por eso por lo que es necesario llevar la vida con la máxima santidad, porque de quienes…

Pérsefone el pago de antigua condena
haya recibido, hacía el alto sol en el noveno año
el alma de ellos devuelve nuevamente,
de las que reyes ilustres
y varones plenos de fuerza y en sabiduría insignes
surgirán. Y para el resto de los tiempos héroes sin macula
por los hombres serán llamados.

El alma, pues, siendo inmortal y habiendo nacido muchas veces, y visto efectivamente todas las cosas, tanto las de aquí como las del Hades, no hay nada que no haya aprendido; de modo que no hay de qué asombrase si es posible que recuerde, no sólo la virtud, sino el resto de las cosas que, por cierto, antes también conocía. Estando, pues, la naturaleza toda emparentada consigo misma y habiendo el alma aprendido todo, nada impide que quien recuerde una sola cosa –eso que los hombre llaman aprender-, encuentre él mismo todas las demás, si es valeroso e infatigable en la búsqueda. Pues, en efecto, el buscar y el aprender no son otra cosa, en suma, que una reminiscencia. (Platón. Menón. 81a.)

Pues bien, olvidándonos del contexto, hay algo aquí que bien puede verse en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Aquí, Platón expresa la idea de que basta recordar una sola cosa para, a partir de ella, recordarlo todo, pues, nos dice, la naturaleza está toda emparentada consigo misma.

Ahora, en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, a Joel se le pide que limpie su casa de todo rastro de Clementine: debe llevar a la clínica todo aquello que pueda recordársela, su taza, sus fotografías, sus dibujos, anotaciones de Diario, libros y discos regalados por ella, etcétera; en fin, todo aquello con lo cual esté relacionada. Posteriormente, al llegar a la clínica, le dicen que con esas cosas harán un mapa de Clementine: le van mostrando objeto por objeto, y él debe, le informan, enfocarse en lo que cada uno le recuerda. De este modo, viendo dónde está cada recuerdo, logran hacer el mapa. Logran, pues, tener el todo de Clementine.

¿Qué nos es dicho con esto? Lo mismo que nos está diciendo Platón: basta recordar una sola cosa para que a partir de ella podamos recordarlo todo, por estar todo emparentado. Es decir: se nos dice que todos los recuerdos de Clementine están relacionados, y por ello, de hecho, se puede hacer un mapa. Y es por esta razón que Joel debe llevar a la clínica todo aquello que esté relacionado con Clementine, porque basta una sola cosa para que, a partir de ella, la pueda recordar.

Por lo demás, lo que dice Platón, y vemos en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, ¿cuántas veces no ha pasado? ¿Cuántas veces no hemos visto algo que ha traído a nuestra mente otras tantas cosas?

3.

Parece explicarse con lo anterior lo que pasó entre Patrick y Clementine. Aquél, estúpidamente, usó las frases exactas que Joel, en otro tiempo, le dijo a Clementine. Usó incluso sus mismos apodos. Y todo esto hizo, al parecer, que ella vislumbrara algo de su relación con Joel. Quizá fue el final, y por ello había cierto malestar en ella.

Lo que hizo Patrick fue, prácticamente, entregarle las cosas que ella había llevado a la clínica. Las cosas que no debía volver a ver, para no recordar nada de lo que pasó con Joel.

4.

La cita de Nietzsche que Mary leyó en el Bartlett, efectivamente, está en Más allá del bien y del mal. Todo parece indicar que es el final del parágrafo 217: “¡Ponerse en guardia contra quienes dan mucho valor a que se confíe en su tacto y sutileza morales en materia de distinciones morales! Jamás nos perdonan el haberse equivocado alguna vez en presencia nuestra (y, no digamos, a propósito de nosotros), inevitablemente se convierten en nuestros calumniadores y detractores instintivos, aun cuando continúen siendo «amigos» nuestros. –Bienaventurados los olvidadizos: pues «digerirán» incluso sus estupideces.” (Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía del futuro. § 217; p. 174.)

5.

Al escuchar esa cita de Nietzsche, quizá no se pueda evitar relacionarla con lo que dice en La genealogía de la moral sobre la memoria y la capacidad de olvido. Ahí, nos dice que “ésta no es una mera vis inertiae [fuerza inercial], como creen los superficiales, sino, más bien, una activa, positiva en el sentido más riguroso del término, facultad de inhibición, a la cual hay que atribuir el que lo únicamente vivido, experimentado por nosotros, penetre en nuestra conciencia, en el estado de digestión (se lo podría llamar «asimilación anímica»), tan poco como penetra en ella todo el multiforme proceso con el que se desarrolla nuestra nutrición del cuerpo, la denominada «asimilación corporal».” (Friedrich Nietzsche. La genealogía de la moral. Un escrito polémico. II, § 1; pp. 83-84.) Es una activa capacidad de olvido pues hace que nada que vivamos o experimentemos quede impreso; todo es olvidado, digerido rápidamente, y nos pasa tan desapercibido como lo que hacen los órganos en nuestro cuerpo.

Pero el hombre, “este animal olvidadizo por necesidad, en el que el olvidar representa una fuerza, una forma de la salud vigorosa, -escribe Nietzsche- ha criado en sí una facultad opuesta a aquélla, una memoria con cuya ayuda la capacidad de olvido quede en suspenso en algunos casos”. (Ibídem. II, § 1; p. 84.) Y, de este modo, al quedar en suspenso en algunos casos, se quedarían impresas algunas cosas que vivimos o experimentamos. Mas, “«¿Cómo hacerle una memoria al animal-hombre? ¿Cómo imprimir algo en este entendimiento del instante, entendimiento en parte obtuso, en parte aturdido, en esta viviente capacidad de olvido de tal manera que permanezca presente?»… Puede imaginarse que este antiquísimo problema no fue resuelto precisamente con medios y respuestas delicados; tal vez no haya, en la entera prehistoria del hombre, nada más terrible y siniestro que su mnemotécnica. «Para que algo permanezca en la memoria se lo graba a fuego; sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria» -éste es un axioma de la psicología más antigua (por desgracia, también la más prolongada) que ha existido sobre la tierra.” (Ibídem. II, § 3; p. 88.)

Hasta aquí, leyendo ligeramente si se quiere, podemos decir dos cosas, una sobre la cita que trae a cuenta Mary y otra sobre algo en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.

En cuanto a lo primero: leyendo desde aquí, la cita adquiere un tanto más de sentido, pues si consideramos que las estupideces que cometemos son las cosas que más nos duelen, y que no cesan de doler, comprendemos por qué son tan difíciles de olvidar: mientras más duelen, más gravadas están en la memoria. Por ello los olvidadizos son bienaventurados: son capaces de olvidar lo que duele más, y lo que no cesa de doler.

En cuanto a lo segundo: el momento en el que Joel expresa su deseo de detener el proceso, por el cual Clementine será borrada de su mente, es cuando está a punto de ser borrado un recuerdo feliz, uno grato. Aquel en el que estaban bajo las sábanas y ella le preguntó si era fea. Leyendo con lo que hemos escrito, podríamos decir que momentos como éste, los gratos, los felices, los dulces, no duelen. Y por ello no se gravan con tanta fuerza en la memoria. En cambio, los momentos tristes, los dolorosos, los crueles, no cesan de doler. Por ello se gravan a fuego en la memoria. Esto es algo que vemos comúnmente: Joel, al igual que otros tantos, después de terminar la relación, sólo recuerdan, o recuerdan con más fuerza, estos momentos, y no aquéllos. Aquí es cuando uno dice: ¡cuánta razón tenía Nietzsche! Ciertamente: “sólo lo que no cesa de doler permanece en la memoria”. Por ello, los momentos felices, gratos, dulces, son más difíciles de recordar.

Título original: Eternal Sunshine of the Spotless Mind.
Título: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.
Director: Michel Gondry.
Guión: Charlie Kaufman, Pierre Bismuth y Michel Gondry.
Productores: Steve Golin y Anthony Bregman.
Fotografía: Ellen Kuras.
Edición: Valdis Óskarsdottir.
Música: Jon Brion.
País: Estados Unidos.
Año: 2004.
Elenco: Jim Carrey (Joel Barish), Kate Winslet (Clementine Kruczynski), Elijah Wood (Patrick), Thomas Jay Ryan (Frank), Mark Ruffalo (Stan), Kirsten Dunst (Mary).

Bibliografía.

Nietzsche, Friedrich. La genealogía de la moral. Un escrito polémico. Traducción, introducción y notas: Andrés Sánchez Pascual. 3ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 2011. Colección: Biblioteca del Autor/2.

___________. Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía del futuro. Traducción, introducción y notas: Andrés Sánchez Pascual. 1ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 1997. Colección: Libro de bolsillo / Biblioteca Nietzsche. *

Platón. “Menón” en Diálogos II. Gorgias, Menéxeno, Eutidemo, Menón, Crátilo. Traducción, introducción y notas: J. Calonge Ruiz, E. Acosta Méndez, F. J. Olivieri y J. L. Calvo. 1ª edición, Madrid: Editorial Gredos. 1983. Colección: Biblioteca Clásica Gredos/61. pp. 273-338.

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