El bibliómano ignorante.

02

Contra un hombre rico, aficionado a la compra de libros y a la “compra de muchachos bien parecidos y fuertes” (Luciano. “El bibliómano ignorante”. p. 54), se dirige el discurso de Luciano. Ambas costumbres de ese hombre rico, Luciano las considera abominables; no obstante, en El bibliómano ignorante le dice: “por ahora me tomo la libertad de decirte estas cosas en lo que atañe a los libros, en cuanto a tus otras abominables y reprobables costumbres, me vas a oír a menudo próximamente.” (Ibídem. p. 57.)

¿Qué le dice en lo que atañe a los libros? Luciano le reprocha al hombre rico dos cosas: el pensar sólo en términos de cantidad y el querer aparentar algo que no se es o no se hace. Pues este hombre rico tiene por costumbre y afición la compra compulsiva de libros para parecer una persona con cultura, debido a que si aparenta ser esto, podrá conseguir favores del rey. Luciano nos revela su plan: “La razón de tu celo por los libros es evidente, incluso aunque yo haya sido tan torpe como para no verla antes. El plan que has concebido es inteligente, o al menos a ti te lo parece, y las esperanzas que en él has puesto no son pequeñas, si llegara a enterarse el rey, que es un hombre sabio y que aprecia mucho la cultura. Crees que, si se enterara de lo tuyo, de cómo compras libros y cuántos has reunido, rápido obtendrías todo tipo de favores de él.” (Ibídem. p. 52.)

Pero este hombre rico no sólo compra y acumula libros, sino que también los lee constantemente. A estas alturas, pensamos, puede verse la forma en que mide la cultura, la instrucción o el saber este hombre rico: él piensa en términos de cantidad. Mientras compre más libros, mientras más reúna, mientras más lea, más culto, instruido o sabio soy, piensa él. Ante esto, Luciano parece pensar en términos de cualidad. Por ejemplo, le dice: “Del mismo modo, tú, que tienes ahora un libro en la mano y que lees constantemente –aunque sea sin entender nada de lo que lees-, haces como el burro que, mientras escucha la lira, mueve las orejas.” (Ibídem. p. 38.) Es decir: este hombre rico sólo aparenta entender y disfrutar sus muchas lecturas, como el burro que mueve las orejas lo hace al escuchar la lira. Pero Luciano dice: hay que entender lo que se lee.

La forma en que lee el hombre rico es, entonces, veloz y superficial, pues sólo leyendo así se pueden leer tantas cosas como hace él, y sólo leyendo tanto se puede aparentar ser un hombre con cultura, piensa él. El hombre rico lee, dice Luciano, sólo con los ojos: “tú ves los libros con los ojos abiertos –sí, por Zeus, hasta la saciedad- y lees algún pasaje en alto, corriendo tanto que los ojos te van más rápido que los labios.” (Ibídem. p. 36.) Todo aquel que haya leído deprisa por querer terminar pronto la lectura, lo sabe, sabe cómo lee el hombre rico: leer con los labios, pronunciar y saborear cada palabra, dando el tono adecuado, es muy, muy lento, si se compara con lo que es leer sólo con los ojos, pasando sólo la vista, a veces saltándose renglones o párrafos, incluso.

A Luciano esta lectura veloz y superficial no le basta: hay que entender lo que se lee, dice él. “Eso no me basta –escribe-, mientras no seas capaz de apreciar la virtud o el defecto en cada una de la cosas que pone y no conozcas el sentido de todas y cada una de las palabras, cuál es el orden correcto de éstas, cuántas ha recogido el autor de acuerdo al canon ortodoxo y cuántas están equivocadas, son espurias o están mal cortadas.” (Ídem.) Leído esto, vemos que cuando Luciano dice que hay que entender lo que se lee, está pensando en varias cosas: hay que sopesar lo que se lee, pues sólo así se puede apreciar la virtud o el defecto en lo escrito; hay que desmenuzar también, pues sólo así se puede conocer el sentido de todas y cada una de las palabras; hay que pensar lo leído junto a otras lecturas, pues sólo así se puede ver cuánto ha tomado el autor, no sólo del canon ortodoxo, si es que se puede hablar de esto, sino, en general, de otros textos, de otros pensamientos, de otras interpretaciones, etcétera.  En entender lo que se lee, entonces, Luciano está condensando varias cosas. Esta lectura, parece, no puede ser si no lenta y trabajosa.

Luciano, dicho todo lo anterior, parece estar diciéndonos que ser un hombre culto, instruido o sabio no es cuestión de cantidades, de cuánto se ha leído, sino más bien es una cuestión de cualidad, de cómo se ha leído. Y nos dice que ser un hombre culto, instruido o sabio, es algo que no se puede aparentar, pues un hombre que sólo lee con los ojos no podrá decir mucho sobre lo leído, si acaso podrá mencionar rasgos generales, autores y títulos: “¿Cómo no iba a ser deshonroso si alguien, al verte con un libro en la mano –pues sin falta tienes siempre uno-, te preguntara de qué orador o escritor o poeta es y tú responderías fácilmente a esto, porque conoces el título, pero después, ya que es costumbre extenderse un poco en la conversación sobre estos tópicos, cuando él ensalzara o criticara algún punto del contenido, tú te hallaras en un callejón sin salida y no tuvieras nada que decir?” (Luciano. Op. cit. pp. 48-49.) Por ello le dice a ese hombre rico, contra el que dirige su discurso, “de verdad que lo que estás consiguiendo es lo contrario de lo que quieres. Tú crees –continúa- que por comprar compulsivamente los mejores libros vas a parecer una persona con cultura, pero el asunto se te escapa de las manos y, en cierto modo, se convierte en una prueba de tu incultura.” (Ibídem. p. 35.) En efecto, como el hombre rico lee sólo veloz y superficialmente, pues sólo leyendo así se pueden leer todos los libros que compulsivamente compra, no puede hablar detenidamente sobre sus lecturas, y esta carencia suya es la que lo descubre, pues un hombre culto es aquel que puede hacer esto. Queda demostrada, entonces, contrario a lo que quiere, su incultura.

Ser un hombre culto, instruido o sabio, es algo que no se puede aparentar. o que al menos no se puede aparentar toda la vida, tal y como le sucedió a Evángelo, según nos cuenta Luciano, que llegó a Delfos a una competencia, “tras haberse mandado hacer un vestido de encajes dorados y una corona bellísima de laurel de oro, que en lugar del fruto del laurel tenía esmeraldas tan grandes como el fruto, y la propia cítara, de un coste, una belleza y un lujo sobresalientes, toda de oro puro, y adornada con engarces y piedras multicolores, con Apolo y Orfeo labrados entre las Musas, que era una maravilla enorme para quienes la veían.” (Ibídem. pp. 42-43.) Llegado así, llenó a los espectadores de expectativas y asombro, “pero cuando al fin tuvo que cantar y tocar… entona un preludio desarticulado y desordenado y tres cuerdas se rompen de golpe cuando se abalanza sobre su cítara con más fuerza de la debida y empieza a cantar algo carente por completo de gracia y flojo, de tal forma que todos los espectadores se ríen de él y los organizadores, indignados, le echan a empujones del teatro.” (Ibídem. p. 43.)

– Nota sobre El bibliómano ignorante.

Ya se ha visto: lo que escribe Luciano vale aún para nuestro siglo. Sabemos de qué está hablando: pensar que la cultura, el saber, la instrucción, la inteligencia y hasta el valor de las personas se mide por la cantidad de cosas que han leído o visto no es algo que nos suene extraño. Es más: hay programas de televisión, que se llaman culturales, donde los conductores pueden hablar de todo con todos. Y éstas, nos dicen, son las personas cultas: las que saben de todo y pueden hablar de todo, porque han leído y visto mucho. Aún vale lo escrito por Luciano: la cultura no se trata de cantidad, sino de cualidad. O, al menos, no todo se juega en la cantidad… aún hay que pensar en lo que ha escrito Luciano.

Bibliografía.

Luciano. “El bibliómano ignorante” en El bibliómano ignorante. Seguido de Si busca la vida buena, ¡compre uno de nuestros estilos filosóficos. Traducción: Helena González. Estudio introductorio: Iván de los Ríos. 1ª edición, Madrid: Errata naturae editores. 2009. Colección: Los Agripianos. pp. 33-57.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s