Sobre el concepto de historia.

walter_Benjamin

“«Sobre el concepto de historia» -dice Bolívar Echeverría– es un borrador compuesto en diferentes momentos, entre fines de 1939 y comienzos de 1940, a partir de notas escritas en un cuaderno y en papeles de muy distintos formatos, inclusive en bordes de periódicos.” (Bolívar Echeverría. “Introducción. Benjamin, la condición judía y la política” en Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos. p. 10.)

Pues bien, a decir verdad, debemos reconocerlo, aún no entendemos bien el modo de escribir-pensar que Benjamin plasma en este borrador que lleva por nombre Sobre el concepto de historia. No somos capaces aún de articular algo que atraviese si no todas las tesis, al menos la mayoría. Vislumbramos y leemos a través de otros que hay mucho en ellas, que no sólo es importante, sino que también está bellamente escrito. Pero, en fin, sólo es eso: algo vislumbrado.

Así pues, lo único que ponemos aquí por escrito es una pequeña lectura: al parecer, según leemos, hay tres tesis que se encuentran muy ligadas, que parecen referirse y ayudarse unas a otras al momento de leerlas, aunque esto, hablar sólo de tres tesis, no quiere decir, claro está, que no haya ningún tipo de nexo o ligue con otras más; esto es perfectamente obvio. Las tesis en las que estamos pensando son la séptima, la octava y la novena.

En la octava tesis leemos que “la tradición de los oprimidos nos enseña que el «estado de excepción» en que ahora vivimos es en verdad la regla.” (Walter Benjamin. “Sobre el concepto de historia” en Op. cit. VIII; p. 43.) Al parecer, leyendo desde la séptima tesis, podemos comprender mejor a qué refiere la tradición de los oprimidos. Nos dice Benjamin, en ésta, que el procedimiento del historiador historicista para revivir una época es uno de empatía, cuyo “origen está en la apatía del corazón, la acedía que no se atreve a adueñarse de la imagen histórica auténtica, que relumbra fugazmente.” (Ibídem. VII; p. 41.) Este procedimiento, anota Benjamin, vía los teólogos medievales, es uno que provoca tristeza, incluso, quizá, profunda tristeza, pues con quien empatiza el historiador historicista no es otro más que el vencedor. Pero el asunto es aún más grave, por decirlo de algún modo, porque el vencedor del momento con el que simpatiza el historiador historicista es heredero “de todos aquellos que vencieron alguna vez.” (Ibídem. VII; pp. 41-42.) Resultando así que “todos aquellos que se hicieron de la victoria hasta nuestros días marchan en el cortejo triunfal de los dominadores de hoy, que avanza por encima de aquellos que hoy yacen en el suelo.” (Ibídem. VII; p. 42.) Entonces, si “quienes dominan en cada caso son los herederos de todos aquellos que vencieron alguna vez” (Ibídem. VII; pp. 41-42.), y todos ellos marchan en el mismo cortejo triunfal por encima de aquellos que hoy yacen por el suelo, podemos ver la brutalidad de la imagen: los que hoy yacen por el suelo, no son precisamente los que hoy yacen por el suelo; son la tradición de los oprimidos, son todos aquellos que alguna vez yacieron por el suelo. Esta brutalidad de la imagen muestra un tanto más claramente el por qué el estado de excepción es la regla: es la violencia sobre la tradición de los oprimidos, sobre todos aquellos que alguna vez yacieron por el suelo, bajo la marcha triunfal de todos aquellos que vencieron alguna vez, los herederos del dominio, lo que hace que su situación exprese que el estado de excepción es en verdad la regla.

Prosigue la octava tesis, y Benjamin dice: “El concepto de historia al que lleguemos debe resultar coherente con ello.” (Ibídem. VIII; p. 43.) Según entendemos, está diciendo que debe resultar coherente con que el estado de excepción es en verdad la regla, según nos lo enseña la tradición de los oprimidos. Ahora bien, creemos, el concepto de historia que resulta coherente es el de “las concepciones dominantes de la historia que insistían en su carácter progresivo.” (Crescenciano Grave. “La idea de la historia”. p. 182) Ello parece claro si revisamos la novena tesis, donde el ángel, cuyo rostro está vuelto hacia el pasado, “en lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar.” (Walter Benjamin. “Sobre el concepto de historia” en Op. cit. IX; p. 44.) Hay aquí, parece, una discrepancia en la mirada sobre un mismo asunto: el progreso. Para nosotros, el pasado que nos aparece como una cadena de acontecimientos es parte del proceso progresivo; pero para el ángel de la  historia, el progreso es el huracán que le impide “despertar a los muertos y recomponer lo destruido” (Ídem.) , y que además los arrastra irresistiblemente hacía el futuro, al que le da la espalda, mientras en el pasado, “el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo.” (Walter Benjamin. “Sobre el concepto de historia” en Op. cit. IX; pp. 44-45.) No encontramos por ahora otra posibilidad: sólo una concepción de la historia con un carácter progresivo, donde el ángel de la historia ve una catástrofe única, donde se amontonan sin cesar ruina sobre ruina, es coherente con que, según nos lo enseña la tradición de los oprimidos, el estado de excepción es en verdad la regla.

Por último, queremos destacar otra relación entre la octava y la novena tesis. En la octava, leemos: “El asombro ante el hecho de que las cosas que vivimos sean «aún» posibles en el siglo veinte no tiene nada de filosófico. No está al comienzo de ningún conocimiento, a no ser el de que la idea de la historia de la cual proviene ya no puede sostenerse.” (Ibídem. VIII; p. 43.) Esta parte, el final de la octava tesis, es sin duda provocadora: a nuestro entender, puede leerse como el preludio de la novena tesis, donde vemos lo que provoca nuestra idea de la historia con un carácter progresivo. Y donde se hace un tanto más claro el que, según Benjamin, tal idea de la historia ya no puede sostenerse. Y si esto es así, quizá, lo anterior sea una puerta para entrar a lo que dirá Benjamin sobre la redención y la débil fuerza mesiánica, por mencionar algo. Más aún, pregunta Crescenciano Grave: “¿Cambiar nuestra mirada sobre la historia implica abrir la posibilidad de que la fuerza del huracán disminuya de tal modo que el ángel pueda plegar sus alas?” (Crescenciano Grave. Op. cit. p. 188.) Pues bien, si es que la implica, no lo sabemos, pero ateniéndonos sólo al comienzo, al cambio de nuestra mirada sobre la historia, creemos que, si es que es posible cambiarla, ello puede hacerse entrando desde aquí, o sea, viendo que nuestra idea de la historia ya no puede sostenerse.

Bibliografía.

Benjamin, Walter. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Traducción e introducción: Bolívar Echeverría. 1ª edición, México: Editorial Ítaca –  Universidad Autónoma de la Ciudad de México. 2008.

Grave, Crescenciano. “La idea de la historia” en Bolívar Echeverría (compilador), La mirada del ángel. En torno a las Tesis sobre la historia, de Walter Benjamin. 1ª edición, México: Ediciones Era – Universidad Nacional Autónoma de México – Facultad de Filosofía y Letras. 2005.

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