Más allá del bien y del mal: parágrafos de los criminales (109 y 110)

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El parágrafo 39 de Más allá del bien y del mal es quizá, o al menos para nosotros, uno de los más impactantes de las primeras secciones. En éste, al comienzo, Nietzsche nos dice que el que una doctrina haga felices o virtuosos a los hombres no es argumento para tomarla por verdadera. Así también, el que alguna los haga infelices o malvados no es un argumento en contra de ella. “Algo –expresa Nietzsche- podría ser verdadero: aunque resultase peligroso y perjudicial en grado sumo.” (Friedrich Nietzsche. Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía del futuro. p. 68, § 39.)

La voluntad de poder no es trascendente ni trascendental. Ella no está separada de lo que aparece; lo que aparece es voluntad de poder. Es la misma voluntad de poder la que aparece como mundo mecánico, orgánico, material, afectivo, etcétera. Con esto, dos formas de vida aparentemente antitéticas, una forma de vida buena y venerada frente a una mala, quizá se encuentran emparentadas, vinculadas, digámoslo así, por un origen común que las hace idénticas esencialmente: ambas son formas de la voluntad de poder.

Quizá, a la luz de esto, podamos leer el parágrafo 110 donde escribe Nietzsche que “los abogados de un criminal raras veces son lo bastante artistas como para volver en favor del reo lo que de hermosamente horrible hay en su acto.” (Ibídem. p. 107, § 110. )

Un criminal no es un simple delincuente, alguien que quebranta la ley, aquél, podríamos decir, es una presentación más fuerte, grave, hermosa, de una forma de vida que no se tiene por buena y venerable sino todo lo contrario. Ahora, parece aceptarse, de común acuerdo, el valor de una forma de vida buena y venerable, pero si dos formas de vida aparentemente antitéticas son idénticas esencialmente, como hemos dicho, entonces, una mala ha de tener también el suyo: ella es hermosamente horrible.

Lo hermosamente horrible en el acto del criminal es lo que se vuelve en su contra y por lo cual es juzgado. Los abogados, si son lo bastante artistas, da a entender Nietzsche, lograrían volver esto en favor del criminal. ¿Por qué sólo raras veces los abogados logran esto? No parece ser cuestión del acto o del criminal, sino de ellos mismos. ¿Cómo serían, entonces, esos abogados que sí lo lograrían? Parece que serían, regresando al parágrafo 39, espíritus que por su fortaleza no necesitan que la verdad quede en gran grado “diluida, encubierta, edulcorada, amortiguada, falseada.” (Ibíd. p. 68, § 39.) Es decir, parece, son espíritus cuya fortaleza les permite aceptar que la forma de vida del criminal tiene su valor, al igual que la tiene una vida buena y venerada; más aún, aceptarían que son idénticas, que se encuantran emparentadas, por ser ambas formas de la voluntad de poder. O son también malvados, y por ello están mejor dotados para descubrir eso hermosamente horrible, pues “para descubrir ciertas partes de la verdad, los malvados y los infelices están mejor dotados y tienen mayor probabilidad de obtener éxito.” ((Ídem.) Aunque aquí nos falta descubrir cuál esa esa condición de artista de la que se habla…

“Con bastante frecuencia –dice Nietzsche en el parágrafo 109- el criminal no está a la altura de su acto: lo empequeñece y calumnia.” (Friedrich Nietzsche. Op. cit. p. 107, § 109.) ¿Qué pasa aquí? El criminal es también su abogado. Y él, quizá antes que sus abogados, debería ser el mejor en volver a su favor lo que hay de hermosamente horrible en su acto. Debería engrandecerlo y elogiarlo. Estaría, de este modo, a la altura de su acto: sabe lo hermosamente horrible que hay en él. Pero al empequeñecerlo y calumniarlo, se pone por encima, no está a su altura: cree que esa forma de vida no tiene ningún valor.

Bibliografía.

Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía del futuro. Introducción, traducción y notas: Andrés Sánchez Pascual. 1ª edición, Madrid: Alianza Editorial. 1997. Colección: Biblioteca del Autor/Biblioteca Nietzsche.

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