Ladrón de bicicletas.

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Fotograma de Ladrón de bicicletas.

1
Antonio consigue trabajo…

Cuando algo no puede conseguirse de forma relativamente fácil, y más aún si muchos otros están buscando lo mismo, el momento en que por fin es conseguido se debe, quizá, un poco gracias a la fortuna. Pero es fácil dejar de ser afortunado, y volverse un desgraciado. Este cambio, más aún si es dado rápidamente, desmorona de forma fácil a los hombres. Pocos son capaces de reponerse por sí mismos, muchos no lo logran, y otros tantos necesitan de otro (en especial de su inteligencia) para hacerlo.

2
Sábanas por bicicleta…

Al empeñar se nos revela algo: nuestra escala de necesidades.

3
El empeño…

El trabajo del valuador, si se le mira de cierta forma, es difícil: ¿cómo señalar el precio de algo? Fácilmente, dicen algunos, sólo ateniéndose a la cosa y al estado de la cosa, y desde luego, en ciertos lugares, al máximo que se puede dar, pero otros muchos comprenden más en su valuación, como la necesidad de las personas, y dan un poco más. Es difícil decir si una u otra forma de valuar es más justa…

4
Adiós a la mujer…

Se habla de la importancia del niño en el cine de De Sica, y quizá habría que preguntarse si la mujer tiene la suya también. Bruno y Antonio salen a trabajar, y María, su esposa, tiene su penúltima aparición. Con ella desaparece la inteligencia o, mejor dicho, la capacidad de resolver problemas (se le ocurrió empeñar las sábanas para recuperar la bicicleta), y Antonio ya no puede resolver los que se le presentan en todo lo que resta.

5
Correr…

Deleuze dice que en el neorrealismo “más que comprometerse en una acción, [el personaje] se abandona a una visión, perseguido por ella o persiguiéndola él.” (Gilles Deleuze. La imagen-tiempo. Estudios sobre cine 2. p.13.) Esto parece provocar que, al menos en Ladrón de bicicletas, y quizá también en Umberto D, algunos personajes corran una barbaridad. Antonio se abandona a una visión: la bicicleta. La persigue por toda la ciudad, y también ella lo persigue, el ejemplo más claro está casi al final de la película cuando la ve por todos lados: la bicicleta recargada en la pared, las bicicletas de las personas en el estadio y las bicicletas de los corredores. ¿Y que hace al abandonarse a esta visión? Corre, corre por toda la ciudad, y en ocasiones le dice a Bruno “¡muévete!”, porque no es capaz de seguirle el paso.

6
El robo…

Suena raro, pero hay buenos ladrones y malos ladrones. El que le robó la bicicleta a Antonio era de los buenos: planeó bien el golpe y, además, se encargó de contar, en caso de que lo encontraran, con toda una multitud de personas dispuestas a declarar a su favor, sin mencionar que era capaz de mostrarse débil e inocente, fingiendo enfermedades. En cambio, Antonio era de los malos, y en parte por ello a él sí lo atraparon. En principio, su error fue creer que un robo se puede cometer en cualquier momento y lugar.

7
Los finales…

En España, durante el final de la película, se llegó a añadir una voz en off que decía: “El mañana parecía lleno de angustia ante este hombre, pero ya no estaba solo. La cálida manecita del pequeño Bruno entre las suyas, hablábale de fe y esperanza en un mundo mejor. En un mundo donde los hombres llamados a comprenderse y a amarse lograrían el generoso ideal de una cristiana solidaridad.” Final quizá creíble, pero muy triste: le quitaron toda la belleza a la imagen. El llanto, las manos y la disolución, a cambio de “un mundo mejor”. El final sin esa voz en off recoge y de alguna forma cierra todo lo que hemos visto, pues el hombre que sólo corría, abandonado a una visión, por fin logra llorar, y por fin logra estar junto a Bruno, después de que éste, todo el tiempo, estuvo persiguiéndolo. Y, además, no solo recoge y cierra sino que abre, pues el disolverse entre la gente hace que la cámara lo abandone y abarque a todos. En cambio, la voz en off oscurece lo acontecido y lo quiere iluminar con la “esperanza en un mundo mejor”.

Título original: Ladri di biciclette.
Título: Ladrón de bicicletas.
Director: Vittorio De Sica.
Guión: Cesare Zavattini, Vittorio De Sica, Oreste Biancoli , Adolfo Franci y Gerardo Guerrieri, basados en la novela Ladri di biciclette de Luigi Bartolini.
Productores: Giuseppe Amato y Vittorio De Sica.
Fotografía: Carlo Montuori.
Edición: Eraldo Da Roma.
Música: Alessandro Cicognini.
País: Italia.
Año: 1948.
Elenco: Lamberto Maggiorani (Antonio Ricci), Enzo Staiola (Bruno Ricci), Lianella Carell (Maria Ricci), Vittorio Antonucci (Ladrón).

Bibliografìa.

Deleuze, Gilles. La imagen-tiempo. Estudios sobre cine 2. Traducción: Irene Agoff. 1ª edición, Barcelona: Ediciones Paidós. 1987. Colección: Paidós Comunicación/26.

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